viernes, 25 de enero de 2008

EXTRAÑO LOS DIAS QUE NADIE ME PELABA EN EL CENTRO COMERCIAL

Mi adolescencia transcurrió en una escuela, que por azares del destino, tenia de inmediata vecina a una plaza comercial. Debido a eso, gran parte de ese maravillosos tiempo me lo pase holgazaneando y mirando escaparates :) , costumbre que de alguna manera, mantengo hasta el día de hoy (Es sumamente útil cuando tienes madre, hermanas o novias aficionadas al shopping :) )

Los estadounidenses han acuñado un termino un termino especial para esta patología, llamándola “mall rat” o rata de centro comercial; en México, simplemente merecíamos el epíteto de “pinches escuincles vagos, váyanse a su casa”. Recuerdo que el día que nos prohibieron la entrada, las ventas se les cayeron 20%, por lo cual tuvieron que consentir a los “pinches escuincles vagos” para que regresáramos :)

Lo que extraño de esos días, era la completa libertad de ver y examinar lo que había en tiendas y aparadores. Al día de hoy, el american way of life (o marketing, lo mismo da :) ) dicta que debe haber una atención personalizada al consumidor, e incluso alienta al vendedor a establecer una relación en apariencia “personal” con él, a fin de estrechar vínculos (e incrementar ventas, claro esta :) ) que permitan la confianza en el consumo.

¿El resultado? ¡Estoy hasta mi calva y reluciente coronilla de que no me dejen comprar EN PAZ!!!

Desde que entras a cualquier tienda, uno es asaltado por gente que te ofrece la tarjeta de la tienda, seguido del “amable vendedor(a)” que te sigue por tooooooooooooodos los pasillos, escudriñando y emitiendo opiniones, que por mi parte son aceptados en el mejor de los casos con un “aaah . . . ”, si no es que con un poco menos amable gruñido al mejor estilo cavernícola.

En el mejor de los casos, el vendedor (que espero tenga una alta tolerancia a la frustración) se alejan sin emitir sonido alguno (mientras mi madre se ha de llevar una silenciosa mentada de ídem :) )

Incluso me he topado con cínicos que me extienden un ticket para que cuando escoja, les acrediten la venta. En mi humilde opinión, esos son huevos, y lo demás, son mamadas . . .

Así que la próxima vez que vaya a una tienda departamental de este estilo, haga lo que yo: escoja su compra y elija para darle la venta al único vendedor que no se le haya acercado. Da alguna manera es el velado agradecimiento de que no se acercara a joder . . . . :)

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