martes, 25 de enero de 2011

EMBRACE THE DARK SIDE

En la oscuridad de la noche me recluyó. Soy un paria, un anormal, una mancha en el suave tejido de urbanidad de mi especie.

Soy el Yang, la Furia, lo que no reconoces, lo que te fascina y horroriza hacer. Soy lo que susurra en tus noches de desesperación. Soy ese demonio que vive contigo.

Recuerdo cuando era un persona con culpas. Recuerdo cuando vivía empantanado en el deber moral de ser perfecto. Esa fue mi predicación. Esa fue mi perdición.

Los humanos no somos perfectos. Somos falibles. Somos gente perdida, sucia, asustada de sí misma.

Yo me propuse ser más de lo que podía ser. Ese fue mi fall of grace. Exigí ideales tan altos de mi, que nunca podría lograrlos. Quería ser un buen humano. No lo logré, pero lo que si conseguir fue hundirme en un mar de desesperación, por no poder alcanzar mis alabadas metas. No me reconocía como un ser perfectible. Tenia que ser perfecto, impoluto, sin mácula o marca.

Con ello desprecié mi humanidad. Humillé mi libre albedrío. Renegué del regalo mas grande: el conocimiento del bien y el mal. Hui de la experiencia que me daría el cometer errores.

Con todo ese pandemonium de caos, un día se acumuló todo. Reventó en una terrible explosión donde la dinamita fue mi vida. Todo quedo en silencio. En un ruido blanco. Todo era quietud mientras permanecía sentado en posición de loto en el cráter que fue mi existencia. Ahí fue dónde encontré la paz. Cuando me acepté falible y humano.

Abracé mi lado obscuro. Decidí hacer lo que me viniera en gana. Todos mis deseos y necesidades serían satisfechos. Nada me sería negado.

Recordé cuando me permití equivocarme. Tanto tiempo atrás. Cuando creí que eso me hacia feliz.

La luz no me hizo feliz. La obscuridad tampoco.

Así que ahora caminaría, únicamente al filo del amanecer. Únicamente al borde del anochecer.

Donde las luces se mezclan con las sombras.

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